jueves, 10 de abril de 2008

1 - Terraza


Cuando tenía la corta edad necesaria para no incumbir en el saber de las cosas, recuerdo la espera y el hambre de estar en constante posición contemplativa en la terraza de la vieja casa de mis abuelos llamada calle mitre, incontrovertiblemente bautizada así por estar ubicada en la calle Mitre y Ocampo en la ciudad de Rosario.

Mi abuelo me atemorizaba. Solo por que el resto de mi familia se encargaba de celar psicológicamente las leyes que el viejo doctor Cabrera padre de mi madre nunca me reflejo. Solo atormentaba su supuesto enojo con la vida en la imaginación que todos se dibujaban sobre él. Sobre todo mi abuela, aunque era una tipa bastante despreocupada y se encargaba de la economía, de las compras y de los gustos que los nietos le sometíamos. Se la pasaba en la máquina de coser que hacía un ruido onomatopéyico, nunca nos acostumbramos a ese ruido, era muy estruendoso e insoportable.

A pesar de su apócrifa autoridad, el viejo conmigo era bueno, no se si porque era el único varón niño de la familia o porque era toda una farsa su intensa soberanía. De todas formas yo haría lo posible para aventurarme en la adrenalina de hacer lo que no era debido.

Entonces comenzaba a gustarme la travesura, más si mi abuelo era tan protervo como decían que era. La quietud no era mi estilo, siempre andaba deambulando por doquier, tratando de hacer algo, hacer algo era llegar a inventar alguna especie de máquina extra espacial móvil, o fabricar artefactos que imaginariamente produjeran algún tipo de energía capaz de sobrepasar la inocencia tardía de mi desesperada creatividad. Siempre andaba descalzo, y estar descalzo era algo que a veces me molestaba, sobre todo a la hora de levantarse en esas mañanas heladas de esos inviernos apesadumbrados. La casa era fría, era vieja y muy grande. Estar parado en pleno verano en la sala de estar era como entrar en un refrigerador inmenso. Mis pies lamentaban estar anatómicamente unidos al resto de mi cuerpo, y su consternación se despertaba sobre todo por la inquietud que yo cargaba, pero mis ambas extremidades asumían la cinética por el liberal derroche familiar que inconciente y naturalmente me reflejaban, porque un par de medias compradas en la calle San Luís no costaba nada. Esto motivaba mis ganas de pisar aquel suelo de la azotea. Esta solana absorbía sublime cantidad de calor justa, acaparando una temperatura pulcra para que no me queme ni me congele los pies. Debí de haber prodigado muchas horas de mi infancia en aquella terraza, que como ninguna otra, tenía muchas partes, una principal, otra prohibida, y otra ajena a las holgazaneadas pueriles.

Risas y gritos llegaban desde abajo a cualquier hora, no había duda que en mi familia era constante el bullicio, y también recuerdo de esa casa ver entrar distintos tipos de personas, algunos amigos de mis tíos, otros amigos de mis abuelos, y el famoso viejo de la bolsa, pero este solo venía en la siesta, yo nunca lo vi porque decían que coleccionaba niños que no durmieran. Pero todos utilizaban la casa como centro de reunión.

Cuando tenía la corta edad necesaria para concebir el valor que mis abuelos en esta casa tenían para mí, yo solo jugaba descalzo y pasaba el tiempo a veces quieto, a veces móvil y creativo. Que viví esa casa no hay duda. Era un niño inquieto que amaba el olor que había en el ropero de mis abuelos, posiblemente haya sido olor a naftalina.

Cuando más disfrutaba estar allí era cuando mi abuela preparaba los matecocidos y las tortafritas para que yo decida si iba a la terraza o me enfermaba correteando por el invierno interno que calle mitre poseía.

2 comentarios:

Peperina dijo...

La casa de mi abuela tambien tenia terraza y tambien tenia un olor especial! Me encanta como escribis no conocia este lado tuyo por el fotolog, segui asi eh! jaja :)

Besoss. Noe

VEEVS HONEY PIE!!!! dijo...

Che Magu, de casualidad dí con tu fotolog y flog, y estemm, me puse a chusmear un poco jeje.. Creo que alguna vez te lo dije pero por si no lo hice, ahí va de nueno: Adoro la forma que tenés de expresarte!!!! En serio, describís tus vivencias de una manera, que una parece haber estado allí presenciándolas.. En fin, sólo quería que lo supieses..
BESOOOSS,
Vivi..